Riesgo

Siempre me costó tomar decisiones.
Dilato la resolución hasta evaluar todos los posibles escenarios. El tiempo nunca es suficiente.
El estancamiento me obliga a tomarla acorralado y sin escapatoria.
Una tormenta de ansiedad me va estrujando hasta que aparezcan los primeros resultados.
"Es tarde para dar vuelta atrás", me autoconvenzo. "Es la única opción."
No es malo, tan solo diferente.
Me adapto y escarbo. Si continuo firme y con determinación, tal vez pueda hacerme un lugar.
Por suerte, las mochilas ya no existen y estoy más ágil que nunca.
Pero la incertidumbre nunca se acaba... ¿Estoy a tiempo de volver atrás?
Debo continuar.
Entregarme por completo, olvidar lo que sé, y hacerme el camino.
Experiencias nuevas.
¡Oh, sí!, vale la pena.
Puedo asegurarlo y reafirmarlo. El miedo ha quedado atrás, y el esfuerzo ha dado sus frutos.
Oh no. La calma antes de la tormenta...
Odio tener razón.
Nunca debí abandonar la seguridad.
No sé qué más hacer.
¿Acaso tengo que volver a dejar todo en manos de la inercia?
No puedo... No puedo siquiera destruirme.
Abandono y me entrego a los brazos de la marea.
No quiero pensar.
El destino es para los creyentes, el camino para los agnósticos y la nada para los tibios.
Me adapto para sobrevivir.
Necesito un impulso.
Pero no veo nada...
...quizás tenga que volver.
Tengo que tomar una nueva decisión.

Odio las decisiones.
Evito la ilusión y la desesperación.
Parece no haber otra...
...que volver a empezar.
por OTTO